¿Cuáles son los modos de transporte y cuándo se usa cada uno?
Carretera: el más flexible, ideal para distancias cortas y medias y para entregas puerta a puerta. Es el modo dominante en distribución interna y última milla.
Marítimo: el más barato por unidad de peso, lento, ideal para volúmenes grandes y carga internacional no urgente. Aéreo: el más rápido y caro, reservado para urgencias y alto valor por kilo. Ferrocarril: eficiente para grandes volúmenes a media-larga distancia donde existe infraestructura.
¿Qué es el transporte intermodal?
Es combinar dos o más modos en una misma cadena sin manipular la carga: la mercancía viaja en un mismo contenedor por carretera, luego ferrocarril, luego barco y otra vez carretera. La unidad de carga es la misma de extremo a extremo.
Su ventaja es combinar lo mejor de cada modo: el bajo costo del barco para el tramo largo, la velocidad del camión para el tramo final. Su debilidad es la coordinación: si un eslabón falla, toda la cadena se atrasa.
¿Cómo se calcula el costo real del transporte?
No es solo el flete. Hay que sumar manipulación en origen y destino, seguros, demoras (demurrage en puerto, detention en patio), combustible, peajes, y devoluciones por error de entrega.
Una buena práctica es calcular el costo total por kilo-kilómetro o por contenedor entregado, no por servicio individual. Con esa métrica se ven las verdaderas diferencias entre rutas y proveedores.
¿Qué decisiones marcan una estrategia ganadora?
Tres decisiones clave: el mix de modos según urgencia y volumen, la elección entre flota propia o subcontratada, y el grado de control sobre el carrier (con visibilidad en tiempo real o sin ella).
En 2026 la visibilidad ya no es opcional: si no sabes dónde está tu carga, no puedes responder a tu cliente. La estrategia debe incluir herramientas de tracking, idealmente con datos de IoT, para anticiparse a problemas antes de que escalen.